Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

09 octubre 2014

PORCUNA ISABELINA: CONFLICTOS ELECTORALES (1858 y 1864).


Isabel II de España 
    El siglo XIX en España fue un periodo convulso y problemático durante el que se sucedieron guerras civiles, pronunciamientos militares y decenas de cambios de gobierno. 
    Donald Shaw, un escritor y crítico literario británico, a mi juicio, lo resume magistralmente:


   “De la consideración de la historia del siglo XIX español se infiere que cualquier cambio político, sin el correspondiente progreso social y económico, está destinado al fracaso. Tres importantes factores obstaculizaron este progreso. Uno fue la actitud egoísta y reaccionaria de los grupos en el poder –el trono, la Iglesia, el ejército y la oligarquía–, expresada en los programas de sus políticos; otro fue el extremismo doctrinario y la ineficacia manifiesta de sus oponentes de la izquierda cuando ocuparon el poder; el tercero y más importante de todos fue la pobreza básica de recursos materiales de España, que impidió el arraigo del progreso material. La perduración de estos impedimentos es el legado más importante del siglo XIX a la España posterior”.

Vicalvarada (1854)
    Si ya de por si resulta difícil y complicado seguir y comprender todas esas fluctuaciones, con sus correspondientes intrigas dinásticas, políticas, así como los circunstanciales y acomodaticios posicionamiento de las élites de poder, trasladado al terreno estrictamente local, a una villa como la de Porcuna de la provincia de Jaén, la tarea se convierte en harto difícil.
     Las limitaciones impuestas por la escasa documentación del periodo que se conserva en su Archivo Histórico Municipal, por culpa de todo un cúmulo de determinantes históricos, cítese el hundimiento y ruina de la Casa Consistorial en el año 1885, que dejo enterrados muchos documentos confundidos con los escombros, los expolios y daños sufridos por los bombardeos durante la guerra civil  y algún que otro dañino expurgo incontrolado, dificultan considerablemente la reconstrucción de su vida política, económica y social.
    Creemos que las primeras actas capitulares que se conservan en el Archivo Histórico Municipal de Porcuna se corresponden con el año 1860. De momento, por mi humilde condición de investigador limitado por las economías y ese especial arraigo a mi butaca casera, prescindo de gastos, viajes y favores. Daremos tiempo a las autoridades competentes en la materia  para que doten de contenido y funcionalidad a ese edificio histórico recién restaurado que le tienen destinado como nueva sede.



     Nos alimentaremos casi exclusivamente de prensa histórica.
    Tomando como eje unos escandalosos comportamientos electorales que trascienden con detalle en la prensa nacional, intentaremos adentrarnos un poco en el conocimiento del peso específico de las diferentes facciones políticas a las que se hallaban adscritas las élites locales (sufragio censitario). Según la Constitución vigente (1845), el derecho a voto sólo lo tenían los varones mayores de 21 años que pagaban una determinada cantidad a Hacienda. 
    Nos referiremos a lo ocurrido en Porcuna durante las elecciones a diputados a Cortes del año 1858, y unas denuncias y cruces dialécticos posteriores entre moderados y liberales demócratas durante las elecciones municipales del año 1864.


LAS ELECCIONES A DIPUTADOS A CORTES DE 1858

   Celebradas el 31 de octubre, poniendo cierre definitivo al periodo conocido como Bienio Moderado (1856-1858), durante el cual las huestes políticas aglutinadas por Ramón María Narváez volvieron a ostentar el poder en la nación.
   Aquellas elecciones las organiza y amaña un reorganizado partido de La Unión Liberal liderado por otro militar, Leopoldo O’Donell.

General O´Donnell

    Por el distrito electoral de Torredonjimeno, al que estaba adscrita la villa de Porcuna, concurren Juan de la Cruz Fuentes de la Plaza por el Partido Moderado, un Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, de naturaleza tosiriana, que ya venía ostentando la representación durante la etapa anterior; mientras que por La Unión Liberal se presenta el abogado arjonero Ramón Serrano y Serrano (sobrino del “General Bonito”).
     Las noticias sobre los expeditivos métodos, coacciones y abusos puestos en práctica por el Gobernador Civil de la provincia de Jaén, don Cayetano Bonafox, descaradamente para favorecer al candidato de la Unión Liberal, proceden del diario democrático La Discusión:

   “Otra víctima de la saña gubernativa ha sido el ingeniero don Juan de la Cruz Fuentes, candidato de oposición moderada, con grandes probabilidades de triunfo en el distrito de Torredonjimeno. Hallábase en esta provincia desempeñando una comisión especial facultativa, y sospechando el ministerio que su presencia podía perjudicar a su candidato, que es un sobrino del general Serrano Domínguez, acordó la traslación de Fuentes a Granada. Mas como éste debía entregar su cargo al sucesor que se le nombrara, y no sabía quien fuera, y como además tenía suplidos en el servicio algunos fondos de su peculio, consultó a la dirección general del ramo y se detuvo en obedecer la orden hasta recibir una contestación. Entonces el gobernador civil le mando marchar a su destino, a pesar de la enfermedad que también alegaba como escusa, y no verificándolo, envió una pareja de la guardia civil para que lo condujera. Su afección aumentó ante tamaña tropelía lo que impidió por el momento se cumpliesen los designios del servicial gobernador.
    Mas al cabo de pocos días volvió a insistir en ello, disponiendo que un oficial del mismo cuerpo de la guardia trajera a la capital de cualquier modo a don Juan de la Cruz Fuentes, quien tuvo que sucumbir a tamaña violencia material, y ha estado aquí vigilado constantemente por la policía hasta ayer que se le hizo salir para Granada”.

Porcuna: la visita del Gobernador

    Se ve que la Unión Liberal no gozaba de demasiados simpatizantes entre el cuerpo electoral de la villa de Porcuna. Según relato, que trascribiremos a continuación,los únicos apoyos para el sobrino del general Serrano provenían de don Manuel Ollero, maestro herrador y administrador de los bienes del general en el término de Porcuna, de un ex fraile de San Juan de Dios, llamado Benito Dacosta y de don Manuel Noriega que le ofreció hospedaje por mediación de Ollero:

    “Entretanto, todos los que sostienen la candidatura de Fuentes en el partido, sufren las más reiteradas vejaciones  y los mayores atropellos: hace poco tiempo se presentó el gobernador en el pueblo de Porcuna a la caída de la tarde sin aviso previo a ninguna autoridad local, hospedándose en casa de don Manuel Noriega, sujeto que le era desconocido, y a quien comprometió al efecto don Manuel Ollero, maestro herrador que administra los bienes del general Serrano, y que fue el compañero y auxiliar constante del gobernador en sus gestiones. Inmediatamente que llegó sin anunciar nada a los alcaldes, se instaló en la Sala Capitular con el Ollero y dos guardias civiles, y cuando el presidente del municipio fue con el teniente de alcalde a visitarle, después de darle sus escusas por no hacerlo en su alojamiento a causa de ignorarlo, les contestó con visible falta de atención que le dejaran desocupado el local, lanzándoles así de un sitio propio  del ayuntamiento; sin derecho alguno, pues si los asuntos del gobernador eran oficiales, no debía excluir a las autoridades; y si tenían carácter privado, parecía lógico evacuarlos en otro punto diverso, como el hospedaje del gobernador. El alcalde le dijo con toda urbanidad que en una habitación baja se esperarían sus órdenes, preguntándole si quería tener a su disposición algunos dependientes de la municipalidad, a lo que el gobernador respondió negativamente, asegurando bastarle con los guardias que le asistían.
    Apenas quedó solo, fue llamando individualmente a los electores, a quienes excitó a que prestaran sus sufragios en favor del candidato ministerial don Ramón Serrano; y aun se dice que con algunos se propasó hasta amenazarles con que en caso contrario lloverían sobre la población grandes males, ofreciendo a otros destinos, mandando a uno de ellos que exhibiera el título de propiedad de una finca, ejerciendo en toda su escala la influencia saludable, y alcanzando así la inapreciable victoria de conquistar… Hasta el voto de un empleado cesante, ya que este creyó la conminación de que podía privársele del haber del que por tal concepto disfruta. Don Manuel Ollero estaba presente, sin duda para hacer las indicaciones relativas a cada uno de los que comparecían; y a las diez y media de la noche se concluyó el acto, después del cual se marchó el gobernador sin despedirse ni dar aviso a los alcaldes que aguardaban en las estancias del piso bajo, dirigiéndose a su alojamiento, donde le detuvieron en fuerzas de muchas instancias, pues quería ponerse en camino al instante.
    Lo verificó a las ocho de la mañana del día siguiente, acompañado del dueño de la casa hasta la salida del pueblo, don Benito Dacosta, ex fraile de San Juan de Dios, a mayor distancia, y don Manuel Ollero, a los cuales expresó el gobernador hallarse muy resentido con los alcaldes (sin embargo de que en nada le faltaron) y que desde su despacho les enviaría las pruebas de su enojo. Ollero le aconsejó la exoneración y Dacosta castigos pecuniarios y parece que las indicaciones de este último han obtenido su aquiescencia, pues desde entonces no dejan de expedirse oficios a Porcuna y de imponerse multas, y de ir comisiones apremiantes, y de darse términos fatales de dos o tres días para desempeñar actos de servicio que necesitaban triple o cuádruple tiempo.
    También he oído contar que el gobernador dijo a sus amigos que en último extremo estaba decidido a echar mano de medidas extraordinarias etc.”.


   Tal como estaba previsto el candidato ministerial Ramón Serrano se hizo con el acta de diputado. De un censo compuesto por 467 electores, pasarían por las urnas un total de 407, de los cuales 240 votaron por el candidato elegido.

   Según algunas fuentes aquel obstruccionismo del gobernador para con el candidato de la oposición llegaría a provocar su retirada de la contienda electoral. Aunque por los resultados publicados en la prensa parece ser que finalmente si compareció.


La Época (8 de noviembre de 1858)

UNAS MUNICIPALES CONFLICTIVAS (1864)


    Celebradas a finales de octubre o principios de noviembre. Durante las mismas se producen serios enfrentamientos, con sus oportunas denuncias,entre el diputado provincial don Juan de Mata Gallo y la primera autoridad local.
    El diario La Razón Española informaba en los siguientes términos:   

   “En Porcuna, provincia de Jaén, el diputado provincial don Juan de Mata Gallo se permitió reprender duramente al alcalde dirigiéndole palabras que constituyen un verdadero desacato a la autoridad, precisamente en el momento de ejercer una de sus más altas y sagradas funciones. Como era de esperar se instruye sobre el asunto la correspondiente sumaria. También se forma causa a dicho Sr. Mata Gallo por haber cohibido a los electores llevándoles fuera de la población para atemorizarlos con amenazas, que hubieran ocasionado seguramente grandes conflictos en la población si no los hubiera evitado la prudencia del alcalde”.

(Tomado de La Correspondencia de España de 7 de noviembre de 1864)


    El periódico moderado La Libertad, a los pocos días aborda el asunto de las elecciones municipales de Porcuna con la publicación de dos cartas, remitidas respectivamente por los partidarios locales de la comunión moderada y por don José de Quero y Díaz, que aboga a las claras en favor de su correligionario y amigo don Juan de Mata Gallo (diputado provincial por el distrito de Martos). Presuponemos a ambos adscritos a posicionamientos progresistas o demócratas.

    En el arranque de la primera carta remitida por los partidarios y amigos del Partido Moderado en Porcuna, demasiado bien redactado (más que posible obra del propio redactor del periódico), encontramos una declaración de los principios que les inspiran y sus inquietudes ante un cambiante escenario político:

    “Muy señor nuestro: Cuando S.M. la Reina, en uso de su libérrima prerrogativa, tuvo a bien conferir la presidencia del Consejo de ministros al excelentísimo señor duque de Valencia (Narváez), gloriosa personificación del partido moderado, todos los que nos honramos de pertenecer a él, todos los que profesamos sus ideas monárquicas sin exageración reaccionaria, y liberales sin fanatismo demagógico, todos los que hemos seguido las vicisitudes de esta noble comunión tan perseguida y calumniada de diez años a esta parte, nos lisonjeamos de que el advenimiento al poder de su más ilustre jefe, de su eminencia mas caracterizada, señalaría una nueva era de prosperidad y orden interior, en el que las instituciones recobrarían  su curso regular, las garantías de los ciudadanos se verían respetadas, cesaría el imperio de los fautores de motines, de los escépticos que proclaman en todos los tonos la descomposición de los partidos históricos, y se proclamarían y observarían con franqueza las doctrinas moderadas, únicas que pueden salvar a nuestra patria de la anarquía con que amenazan las pasiones que rugen embravecidas, la única inmoralidad que se desborda, el descreimiento que corroe el cuerpo social como cancerosa lepra, y la crisis económica que nos devora.
   Mas, nuestras patrióticas esperanzas se van desvaneciendo, lo confesamos con dolor: la mala yerba del vicalvarismo, negación de la dignidad y del pudor político, ha echado profundas raíces en nuestro suelo, y seguramente no se extirpará ni dejará de producir sus funestos efectos, mientras no se ataque con la energía que exige un mal tan inveterado. Así, prescindiendo de algunos centros oficiales, el vicalvarismo domina en el país; su atmosfera se hace respirar donde quiera, y los pueblos se encuentran entregados a sus secuaces, sin poder sacudir un yugo que les agobia y envilece.
    Acaso sin saberlo el gobierno de S.M., y seguramente contra sus deseos, las elecciones municipales están ofreciendo un singular ejemplo de ser falseadas por medio de intrigas, de la coacción y la violencia, contra el partido que se supone enseñoreado en las regiones del poder”.


Sobre los presuntos abusos electorales de Porcuna

   “Perteneciendo la inmensa mayoría del cuerpo electoral a la comunión moderada, fue necesario que durante la administración del duque de Tetuán (O’Donell) se hiciera sentir aquí con todo su peso la influencia oficial, para que pudiera escalar los puestos municipales un hombre falto de crédito, arraigo, prestigio e independencia que se necesitan para representar a un vecindario de bastante consideración.
    Mientras subsistieron aquellas circunstancias, los sectarios de los principios conservadores nos abstuvimos voluntariamente de disputar la administración del pueblo, puesto que la lucha sólo acarrearía conflicto. Más al aproximarse la elección actual, nuestra conducta debió necesariamente modificarse, puesto que abrigamos la creencia universal de que nuestros hombres y nuestro sistema prevalecía sin contradicción al gobierno.
    Este pensamiento no fue bien recibido por los que por espacio de seis años han dispuesto del monopolio de la situación local y que no han querido imitar nuestra conducta anterior, apartándose espontáneamente de la lucha electoral. De aquí procedió que como no estaban ni están apoyados  en la incontrastable base de la opinión, hubieron de empezar una serie de arbitrariedades, desmanes, sediciones y amenazas contra los que, revestidos de sufragio, querían expresarlo con entera independencia.
    Pero ni aun esto hubiera sido suficiente para impedir el resultado que se preveía, que el vecindario de Porcuna anhelaba y que no era posible alejar sino por medio de la ilegalidad y el escándalo. Con el objeto de precavernos procuramos hacer uso de cedulas donde consignábamos nuestros votos, de un papel especial, distintivo, que no pudiera confundirse con ninguno otro de la localidad; y llegado el día de la elección, nos presentamos en los distritos con fuerzas suficientes para aspirar a la totalidad de los secretarios escrutadores, pero con tal abnegación que no quisimos votar más que dos a fin de dejar a nuestros contrarios la vigilancia natural en las operaciones.
    Fácil será, pues, de calcular nuestro asombro, cuando vimos que de una y otra urna se extraían las papeletas conocidamente escritas por nuestros amigos y se leían en gran parte nombres diferentes de los que nos constaba contenían. A la vista de semejante abuso protestamos indignados, se leyeron de nuevo las papeletas mistificadas y se nos contestó con el mayor descaro por los presidentes, que los nombres que habían pronunciado eran los que estaban escritos; cuya aseveración confirmaron los individuos de la mesa interina, organizada por aquellos a su gusto. Entonces invocamos la intervención de un notario para que levantara acta de lo que pasaba, pero los presidentes lo expulsaron del local; resistieron toda comprobación de sus actos, hicieron que el colegio fuera invadido por la fuerza armada de la guardia civil prevenida de antemano; y a merced de estas violencias proclamaron secretarios a sus adeptos, despojando de toda participación al partido moderado. Ciento diez electores de éste reclamaron enérgicamente contra tales desafueros, reclamaron la nulidad de aquella farsa, y se retrajeron de sancionarla con su presencia, declarando ante el notario, que habiendo votado 56 electores en un distrito y 54 en otro, sólo resultaron 28 y 33 votos a favor de los candidatos propuestos en cada colegio, es decir que los macallister vicalvaristas nos habían escamoteado 59 sufragios. Si a esto añadimos la manifestación espontanea de un elector que s presentó rodeado por los partidarios del alcalde, y en el acto de la elección dijo a voces que iba cohibido, que había sido arrancado del hogar doméstico a las dos de la madrugada del día anterior y retenido por los que le llevaban forzosamente a votar, y que su voluntad era verificarlo, como lo ejecutó, en favor de los moderados.
    Si se agregan las amenazas proferidas por el mismo alcalde contra el diputado provincial del distrito, que le hacía presente la infracción de la ley que se estaba cometiendo; y se añaden otros mil alardes de despotismo, escogidos para infundir el terror entre los hombres que se oponen al abuso de la autoridad, para comprenderse la razón que tuvimos para desistir de tan desigual lucha, reservándonos los derechos que las leyes electorales y el Código penal nos concede”.



    Como se puede apreciar, entre el cuadro de las huestes moderadas de Porcuna que suscriben la carta, prevalece y sobresale el linajudo y antiguo apellido “Aguilera” o “de Aguilera” cuyos blasones adornan todavía una casa solariega ubicada en una céntrica calle de la localidad de Porcuna.
    Uno de ellos, Juan Vicente Aguilera y Torres,  alcanzará  la Alcaldía de Porcuna en los años inmediatamente posteriores (1865-1867). Lo mismo hasta prosperó la reclamación.
    La digitalización y puesta a disposición, vía cibernética, de las actas capitulares que se conserven, para uso y disfrute de los investigadores y amigos de la historia local en general, podría sacarnos de dudas.
    Sería una brillante manera de inaugurar, llenar de sentido y funcionalidad ese nuevo edificio destinado a Archivo Histórico Municipal. No tiene ni porque ser gravoso para las arcas municipales. Con un equipo de voluntariado cultural y una máquina fotocopiadora que disponga de la función escáner, o, casi mejor, con contrataciones del plan de empleo joven, podría realizarse (ahí queda la propuesta por si se estima a bien). 
    Fue don Juan Morente Carmona,  el alcalde de la coalición vicalvarista tan denostada en las denuncias moderadas, quien disfrutó de la vara municipal de Porcuna entre los años 1858 y 1864. Creo que no me equivoco al  afirmar (me falta certificarlo) que el citado Juan Morente Carmona estaba casado con una parienta del influyente General Serrano, personaje de elevado peso político en las filas de la Unión Liberal dentro de la provincia de Jaén (Arjona y sus contornos, donde tanto él como su parentela acumularon numerosas propiedades). De ese matrimonio vinieron al mundo Casiana Morente Serrano, madre del filósofo arjonillero Manuel García Morente, y Manuel Morente Serrano, entre los principales contribuyentes de Porcuna en 1909, que en su juventud participaba de las tertulias e iniciativas patrocinadas por el letrado progresista don José de Quero y Díaz. Otra hermana llamada María Luisa, figura en el anuario de ese mismo año de 1909 como propietaria e importante cosechera de cereales.
   Como a estas alturas de la entrada ya hemos tocado suficientemente el piano, la carta remitida por don José Queró y Díaz al diario La Libertad, publicada en el mismo número en que los moderados transmitían sus denuncias sobre abusos electorales, recurriremos al cómodo formato imagen:



   Para finalizar haremos mención a esa maravillosa fotografía en blanco y negro, en la que se aprecia el primitivo estado del acceso a la Torre de Porcuna, con "la madre que parió a Panete" (con todos mis respetos) barriendo la puerta de su humilde vivienda de torrera-carcelera. Es responsabilidad de un amigo de origen manchego, porcunero por consorte y por devoción. Es de principios de los años 80. cuando se iniciaba en el arte de la fotografía. Me la obsequió junto a otra de la Casa de las Columnas de la ciudad ibero-romana de Obulco, que tengo extraviada.
    Para proteger los derechos del autor había pensado en un principio ponerle marcas de agua o su firma. Tras reconsiderar, puesto que soy firme partidario de que estos tesoros se deben compartir, he optado por mostrarla tal cual.

   Amigo Leopoldo González Fernández (marido de Isabela Castro Zafra “la del rubio el municipal”) espero que no te moleste mi usurpación.

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