Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

19 abril 2012

Pedro Moreu de Espinosa (Alcalde de Motril)


      El retratado es Pedro Moreu de Espinosa, Alcalde-Presidente del Ayuntamiento Constitucional de la ciudad Motril. En 1880 sustituye al conservador Ricardo Rojas Garvayo, y permanece al frente del mismo hasta 1887, en que le sobreviene la muerte.
      Adscrito ideológicamente a al partido liberal, cuyos postulados durante aquellos primera etapa de la Restauración difieren poco de los del partido conservador, sólo ligeros y casi inapreciables matices, en aquel sistema político en el que prevalece el fulanismo, el caciquismo clientelar y ese acuerdo tácito de turno en el poder, no siempre acogido con agrado por quienes les tocaba apearse.
       La xilografía, sacada de una fotografía original, es obra del dibujante e ilustrador Badillo, publicada en la Ilustración Española y Americana (nº 31 de 22 de Agosto de 1885), donde aparece en compañia del Alcalde de Aranjuez, Rafael de Almazán, “héroes de la caridad en el combate diario, incesante y rudísimo que han sostenido largos días, en las respectivas poblaciones que administran, contra la enfermedad reinante” (cólera morbo asiático).
       Alberga también unas letras de alabanza en las que se le atribuye un comportamiento heroico y ejemplar en la gestión de aquella epidemia, que cuando esto se escribe se creía ya casi controlada. El paso del tiempo demostraría lo contrario, pues seguiría reproduciéndose el contagio, computándose afectados y víctimas hasta finales del mes de septiembre (aproximadamente 500 víctimas en total):


      “El Alcalde de Motril Sr. Moreu de Espinosa, renovó su cargo el día primero de julio próximo pasado, en época infausta para aquella ciudad, por causa del estrago que en ella produjeron los terremotos (15 casas arruinadas) y de haberse helado las plantaciones de caña de azúcar; y cuando el día 16 de julio reciente se presentó el primer caso sospechoso tenía ya dispuestas las armas convenientes para luchar contra la cruel epidemia, contra esa enfermedad aterradora que va guiada por la implacable muerte, y que lleva consigo, como en triste cortejo, el hambre y la miseria.
      Desde el momento en que Motril pudo convencerse de que estaba el mal entre nosotros no ha habido tregua ni descanso para combatirlo. El señor Alcalde no se ha dado punto de reposo, y sin descansar de día y de noche, siempre se le está viendo en el sitio donde mayor y más grave es el peligro, alentando a todos con su ejemplo, multiplicándose para acudir al alivio de todas las necesidades, moviendo todos los resortes sin dar un minuto de descanso ni a su cuerpo ni a su inteligencia; en la casa del colérico más pobre, en la choza de la familia aniquilada por la epidemia, en el cementerio, en los hospitales, en las sesiones de las Juntas… ¡Imposible parece tanta actividad y tanto patriotismo!
     Motril sufre, pero no desfallece; el alcalde, el clero de las parroquias, las madres Mercedarias que se han encargado del hospital de coléricos, los médicos titulares y particulares, el subdelegado de Medicina, las Juntas de socorros, la Sociedad Juventud Motrileña, las personas ricas y aun las menos acomodadas, todos rivalizan en valentía, en heroísmo y en amor a sus semejantes”.
Epidemia de cólera 1885 (zonas afectadas en negro)
    Aquella epidemia se cebó virulentamente sobre numerosas poblaciones de la geografía española. El hecho de que sea precisamente el alcalde de Motril, uno de los que obtuvieran reconocimiento público a través de la prensa escrita, obedecería a la presencia de destacados e influyentes políticos entre su parentela.
    Es el caso de su hermano, Horacio Moreu de Espinosa (Motril 1835- †?), Conde de Torre-Isabel (consorte de la noble señora doña Isabel Gisbert y López), también alcalde de la ciudad  a la muerte de don Pedro, y que ya con anterioridad había sido “diputado cunero” a Cortes por la provincia de Alicante (1877-1878) y senador por título nobiliario en representación de la provincia de León durante la legislatura 1879-1880. Evolucionado desde el partido liberal conservador de Cánovas del Castillo hacia el liberal de Sagasta.
    La falta de vínculos con la provincia de Alicante, en la que fue cómodamente encasillado como diputado, le depararía diatribas y desconfianzas entre los naturales de aquella, que saltan a las páginas de los periódicos empapadas de cierto tinte irónico localista:

En Motril nació mi madre
y en Motril nació la tuya;
que diga D. Juan Navarro
en donde nació la suya.

D. Juan Navarro: Inspector de Orden Público de Alicante cesado a instancias del cunero.

      A la altura del año 1890, desde las columnas de la prensa canovista se le consideraba responsable de toda clase de escándalos, atropellos e ilegalidades cometidos en el distrito electoral de Motril en vísperas de la cita con las urnas:

     “Los ministeriales acaudillados por el cacique don Horacio Moreu, que ha pertenecido a todas las agrupaciones políticas y ha rendido culto a todas las iglesias, para combatir al candidato conservador, ha tenido, como vulgarmente se dice, que liarse la manta a la cabeza y no reparar en medios desde el primer momento de las elecciones”.

     Hermano de los anteriores era Sebastián Moreu de Espinosa, continuador de la tradición comercial de este apellido de origen catalán, residente en la isla de Cuba, donde alcanzaría el cargo de Promotor fiscal de entrada en el puerto de Manzanillo, cuyo desempeño ejerció hasta su muerte acaecida en 1874.

     Los Moreu motrileños remanecen de comerciantes  naturales de Tossa, costa de Gerona, cuyo arraigo por estas tierras se remonta a los años finales del siglo XVIII, en paralelo al desarrollo del cultivo y comercio del algodón en la vega de Motril y su cabotaje con destino a surtir la industria textil catalana.

Guía Mercantil de España (1828)



    Un tío de los referidos, Francisco Moreu y Sánchez (Motril 1833- † ?), fue diputado por dos veces. En la legislatura 1879-81, en representación del distrito de Martos (Jaén) y nombrado por el gobierno Director General de Beneficencia y Sanidad; en la de 1882-84 lo sería por su distrito de origen, Motril. Entre ambas, un corto y dificultoso periodo al frente del Gobierno Civil de la provincia de Barcelona. Nuevamente nombrado para Gobernador Civil de Sevilla (1894-96) y finalmente en la legislatura 1898-99 elegido Senador por la provincia de Jaén, donde residiría los últimos años de su vida (era dueño de un considerable patrimonio de fincas rústicas distribuidas por los términos municipales de Arjona, Arjonilla y Villanueva de la Reina).
    Los vínculos de este político motrileño con la provincia vecina, le vienen de su casamiento con doña Matilde Serrano y Serrano, natural de Arjona (Jaén), sobrina carnal del General Serrano (Duque de la Torre), de cuyo parentesco debió de aprovecharse para proyectarse políticamente. De hecho, en poco tiempo, pasaría de ser un supuesto probo oficial de la Administración de Propiedades y Derechos del estado con destino en Huesca en 1865, a convertirse en Gobernador Civil de la provincia de Cuenca, para cuyo cargo es designado justamente después de los cambios operados en el país con el triunfo de la Septembrina o Gloriosa de 1868. Otros destinos como Gobernador le esperarían durante el Sexenio Democrático, especialmente favorecido durante el tiempo en que su benefactor estuvo al frente de la presidencia del consejo de ministros  (Ávila, Murcia, Badajoz, otra vez Murcia, Córdoba, Sevilla). Restablecida la Monarquía seguirá ligado a la vida política en las filas del partido liberal, como ya hemos justificado. 


Palacete Motril de la 2ª mitad del XIX (desaparecido)

    La asiduidad con la que el apellido Moreu irrumpe en la vida política de la costa granadina durante el último tercio del siglo XIX y principios del XX, debe guardar relación directa con la notabilidad alcanzada por este motrileño, con raíces e intereses por tierras del antiguo reino de Jaén, que supo y pudo aprovecharse de los favores prestados por aquel bizarro militar arjonero con el que estaba emparentado, intimo amigo de la reina Isabel II (General Bonito) durante la primera etapa de su reinado y posterior corresponsable de su destronamiento.
     Francisco Moreu debió favorecer económicamente e involucrar en política tanto a los sobrinos motrileños ya referidos, así como a los también originarios de Motril, criados y domiciliados en Madrid, los hermanos Díaz Moreu, hijos de Antonio Díaz Quintana , periodista y empresario motrileño instalado en la capital del reino, y de Dolores Moreu y Sánchez.  
     El primero, Emilio Díaz Moreu (1846-1913), un reputado comandante de la Armada Española, que compagino la carrera de las armas con la actividad política durante la última parte de su vida, con la misma adscripción que su tío Francisco y que su hermano menor, Luis Díaz Moreu (1854-1890) que alcanzaría pronta fama y notoriedad como jurisconsulto, siendo elegido, aun en vida del retratado alcalde Pedro Moreu, para representar en las Cortes al distrito de Motril (1886-1890).

Comandante del crucero acorazado Cristobal Colón
de la Escuadra Almirante Cervera derrotada en Cuba
(1898)


    No resulta difícil entender, en base a todos esos lazos familiares descritos, el porqué se le llegarían a conceder a don Pedro Moreu de Espinosa honores de “Jefe Superior de la Administración Civil” y fuera condecorado por el Gobierno de S.M con la “Gran Cruz de Isabel la Católica” (1886), independientemente de su entrega en la gestión de las sucesivas crisis a las que se vio sometida la población motrileña en los años 1884 y 1885 (terremotos, heladas y epidemia de cólera). Esa misma condecoración de Isabel la Católica ya la habían adquirido con anterioridad su hermano Horacio y el influyente tío Francisco.


     Estando en Madrid gestionando  “asuntos relacionados con el municipio” al lado de su primo el diputado Luis Díaz Moreu, cuando presenciaba como invitado una sesión del Congreso de los Diputados, sufriría una repentina indisposición (ataque apoplético) que le obligaría a permanecer por una temporada hasta restablecerse.
    Ya de vuelta, hallándose convaleciente en una posesión distante a una legua de la ciudad, una doble pulmonía le causaría la muerte el 11 de marzo de 1887. A su entierro, en el que se hizo presente el Arzobispo de Granada, “asistió toda la población sin distinción de clases”. Las crónicas publicadas vuelven a referir su “entrega y abnegación sin límites” durante aquella epidemia de cólera de 1885.
     Sin desmerecer la bonhomía de este alcalde motrileño, ni por su puesto cuestionar esa su gestión tan ensalzada, es justo y necesario otorgar también honores al altruismo desplegado por otros miembros de la comunidad durante aquella crisis sanitaria. La ya mencionada congregación de monjas Mercedarias, al cuidado de los coléricos en el hospital habilitado al efecto en el barrio de San Francisco, cerca de la Esparraguera donde se localizo el principal foco de contagios, el humanitarismo desplegado por el sastre Almoguera y familia, que en su establecimiento de la Puerta de Granada, generosa y desinteresadamente, despacharon caldo sano y abundante a los necesitados, o el médico Manuel García fallecido por contagio en ejercicio de sus funciones. Por lo que respecta a la asistencia espiritual a la población, parece ser que el clero estuvo a la altura de su misión, aunque con las lógicas “excepciones de aquellos que al sentir el primer chispazo abandonaron la población”.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por tu dedicación a la historia de nuestra tierra. Una motrileña.

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  2. No hay de que, dama misteriosa. Si eres quién supongo, aprovecho para pedirte por favor que por aquí no utilices la máscara. Para las intrigas mejor el feisbus ( doña ojos).

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