Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

08 marzo 2014

“Motrileños: Romero Civantos, no, no y no”.



A modo de necesaria introducción

     En 1890, un Gobierno liberal, presidido por Práxedes Mateo Sagasta, sustituye el sufragio censitario, limitado a propietarios y personas que demuestren unas determinadas "capacidades", por el derecho a voto de todos los ciudadanos varones mayores de 25 años.
     Las elecciones a diputados a Cortes celebradas en el distrito de Motril desde esa fecha hasta 1923, más o menos, transcurren por los tranquilos cauces de la amañada normalidad propia del sistema político de la Restauración. Liberales y conservadores se alternan civilizadamente en la detentación del acta de diputado. Las fuerzas políticas antidinásticas, a las que en teoría podía favorecer el sufragio universal, carecían en el distrito de la implantación suficiente como para poder plantar batalla política al típico entramado caciquil tejido por unos y otros.
    El distrito, además de Motril, lo integraban las poblaciones de Almuñécar, Salobreña, Vélez de Benaudalla,  y otras de menor entidad como Guajares, Gualchos, Itrabo, Jete, Lentejí, Lújar, Molvizar y Otivar.

    A principio del siglo XX la representación parlamentaria la ejercía el militar motrileño  y político conservador Cándido Hernández Velasco (Polaviejista). Se hallaba en posesión del acta de diputado desde las elecciones celebradas en el año 1899, en que se la arrebató al capitán de navío y político liberal, también natural de la tierra, Emilio Díaz Moreu Quintana, que la había detentado durante buena parte de la última década del XIX, y que en 1901 volvería a recuperar.


      Para las elecciones de 1903 tocaba diputado conservador. Se prescinde de militares de prestigio y entra en escena un civil. Se trata del abogado José María Márquez y Márquez, un rico propietario e industrial nacido en Almuñécar. Conservará el escaño ininterrumpidamente hasta 1910. Casado con una hija de los condes de Villa Amena de Cozvijar, por lo que se adornaba con el nobiliario título de marqués de Montefuerte que había aportado su esposa al matrimonio.
     Para la nueva etapa de gobierno liberal (1910)  se recurrió al joven teniente auditor de la Armada, Isidro Romero Civantos, que aunque natural de la provincia, carecía del arraigo de sus antecesores. Por primera vez surgieron algunas voces discordantes, el resultado sería impugnado y el acta declarada nula, teniendo que repetirse los comicios. Finalmente la maquinaria del sistema conseguiría que Romero Civantos se impusiera desahogadamente al candidato conservador José María Márquez, a quien no quedó más remedio que acatar con resignación los resultados.


( 28 de agosto de 1910)

    Tras un nuevo bienio conservador para Márquez (1914-1915), el anunciado regreso del encasillado Romero Civantos para las elecciones de abril de 1916 va a excitar los ánimos entre determinados sectores del partido liberal de la costa granadina,  poco dispuestos a tragar otra vez con “el mochuelo”.

Un curioso manifiesto preelectoral

    En el mes de febrero, coincidiendo con los primeros rumores de que Romero Civantos gozaba nuevamente del favor ministerial para el inminente nuevo proceso electoral, surge una primera voz de disconformidad. El alcalde de la localidad de Salobreña, Federico Ruiz Romero, tuvo la ocurrencia de redactar un valiente manifiesto dirigido a los electores que llegaría hasta las páginas de “El Imparcial”
     Sus denuncias, en el fondo, venían a cuestionar un sistema político caduco y trasnochado que ya venía siendo denostado abiertamente desde atrás por socialistas y republicanos. Su abogacía en pro de la reconquista de la ciudadanía despertó grandes y asombrosos comentarios en la mayoría de las cabeceras de prensa del país.

     Dice el Imparcial:

     “El alcalde de Salobreña, distrito de Motril, ha dirigido a su pueblo el siguiente manifiesto, documento curiosísimo que, según dicen, ha tenido la virtud, que su autor quería infundirle, la de soliviantar a las masas.
     Lo encabezan las palabras: “Romero Civantos, no”. Y dice así:

    “No, no y no. De ninguna manera podemos consentir que la representación parlamentaria de este distrito vuelva a ser ostentada por quien en la anterior etapa del partido liberal toda su actuación en el Congreso se limitó a decir sí o no, según caían las pesas, y nunca sobre asuntos que afectaran a Motril, porque jamás se ocupó de ellos, como no lo hiciera en las antesalas de los despachos de los ministros. Y  ya se sabe que allí no escuchan a nadie.
     No; Motril no está en condiciones de permitirse el lujo de llevar al parlamento una figura decorativa. Eso, cuando las cañas estaban a veinte cuartos y esto era Jauja y no había problemas que resolver, bueno; pero ahora no, no y no. Motril necesita un diputado de historia política que sume en su haber grandes aciertos y que se haya destacado en los cargos que haya desempeñado entre todos los que le hubieran precedido.
     Como en el partido liberal de la provincia hay hombres de méritos extraordinarios, no debemos consentir de ninguna manera que el prorrateo que haya que hacer entre las distintas agrupaciones que integran el partido liberal sea precisamente Motril el distrito que tenga que cargar con el mochuelo. Motril necesita un hombre suficiente para que a la faz de la nación sea capaz de decir con entereza que Motril tiene derecho a una mejor vida a la que está soportando con beatífica resignación.
     Motril: date cuenta de la gravedad de las circunstancias y de que si por tu apatía y tu característica abulia desprecias esta ocasión preciosísima de poderte redimir, tardarás mucho tiempo en conseguirlo. Y  vosotros, despreocupados motrileños, habréis contraído una responsabilidad moral tan grande que cuando reflexionéis después sobre las consecuencias de vuestra inexplicable indiferencia, el remordimiento de conciencia os amargará seguramente la vida.
     Motrileños: Dios haga que este manifiesto sea la piscina en la que os podáis curar de vuestra parálisis. Motril, levántate y anda. Candidato el que vosotros digáis; pero Isidro, no, no y no. Antes yo que soy un tonto. Salud, paisanos. – Federico Ruiz Romero”.

                               (El Imparcial 12 de febrero de 1916) 


    Desde diferentes lugares, castigados históricamente con políticos cuneros y encasillados que no solían gozar del general beneplácito del cuerpo electoral, se piensa que el gesto del alcalde de Salobreña debía de extenderse:

    “Este es un documento escrito para toda España. En todos los pueblos puede ser leído. Con todos reza el cuento. El mal está muy extendido y roza ya caracteres de humillante dominación. Todos los alcaldes deben de suscribir este manifiesto, que es un chispazo suelto. El alcalde de Salobreña es un hombre formidable. Su nombre pasará a la historia como el alcalde de Móstoles, cuando se escriba el capítulo de la reconquista de la ciudadanía”.

      El caso sería aireado hasta en forma de verso:



     Un suelto sobre asuntos electorales publicado en el efímero periódico motrileño “El Clamor de la Verdad” en los días inmediatos al famoso manifiesto parece ser que fue el detonante de cierta trifulca callejera, disparos y heridos incluidos, sostenida entre partidarios del ex alcalde liberal y director del periódico, Florencio Moreu, con el banquero Francisco Moré de la Torre, arropado por algunos de sus empleados.

(18 de febrero de 1916)

     Los contendientes fueron detenidos tomando el juzgado cartas en el asunto. La prensa provincial paso de puntillas sobre tan espinoso asunto de pistolas en el que se hallaban implicados importantes apellidos de la ciudad costera.    
     Tal vez con el objeto de distraer la atención salta hasta sus páginas la noticia de un extraño avistamiento nocturno: 


    No hay que descartar la posibilidad de que pudiera tratarse del ofuscado candidato haciendo reconocimientos nocturnos con vistas a planificar un posible bombardeo de Salobreña (de octavillas).
    Todo indica que los herederos del banquero, armador e industrial Emilio Moré Auger, fallecido en 1905, eran opositores del oficialista Romero Civantos. 
    Cuando se produce la  proclamación de los candidatos aparece entre ellos el nombre de Juan Moré de la Torre (presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad de Motril) junto al de Romero Civantos  y la resignada figura del diputado saliente, el conservador Sr. Márquez.
    Desde los centros de poder del partido liberal se intentó arreglar el nublado electoral de Motril ofreciéndosele a Moré acomodo en el vecino distrito de Albuñol. Terminaría rechazando la propuesta y concurriendo a aquel proceso por Motril con la etiqueta de Liberal Independiente.
     Las elecciones se celebraron el 9 de abril y de poco sirvió la osadía del nuevo político motrileño y el espoleo de la conciencia ciudadana promovida por el alcalde de Salobreña. Terminaría imponiéndose el candidato ministerial Isidro Romero Civantos, que obtendría  una cómoda victoria (4.594 votos obtenidos sobre un total de 6.592 ciudadanos que concurrieron a las urnas). Le siguió en número de votos el conservador Márquez y en último lugar Juan Moré.


    Los interventores del candidato independiente levantaron varias actas notariales por irregularidades detectadas en diferentes colegios de Motril que le servirían a Juan More de la Torre para protestar el acta. Las reclamaciones finalmente serían desestimadas.
   Ciertas heridas entre las huestes liberales quedaron abiertas, como podremos comprobar más adelante.
   La popularidad alcanzada por Sr. Romero Civantos a raíz del famoso manifiesto se convirtió en arma arrojadiza en manos de sus tradicionales adversarios electorales. El propio ex presidente del consejo de Ministros, el conservador Antonio Maura, que conoció el asunto de primera mano durante un viaje de incógnito que realizó a Granada durante el mes de abril para someterse a un tratamiento de aguas en el balneario de Lanjarón, lo refiere de manera algo sarcástica en una de sus conferencias:

    “Hace pocos días he visto, entre la vega de Motril y Salobreña, en plena zafra, brotando las riquezas de aquella vega fertilísima tener que vadear con borricos medio kilómetro de río, de rambla, claro cuando Dios quiere y las nieves lo consienten, para comunicar las plantaciones de caña con las fábricas. Gran extensión de terreno esterilizado, otra parte amenazada. En el encauzamiento, en el puente, no hay señales de que se piense, como no sea por la vía de la acusación contra la moruna desidia. ¡Se conoce que no habrá tenido influencia el diputado! (Risas)”.


1918: una reelección accidentada

    Romero Civantos inicia su campaña el día 12 de febrero con una fugaz visita a Vélez de Benaudalla de paso hacía Motril. En esta última sus amigos políticos y comisiones llegadas de diferentes pueblos del distrito le dispensaron un cálido y efusivo recibimiento, preparándose los pormenores de la elección (el puchero) en casa de la viuda de su incondicional correligionario y ex alcalde Francisco Pérez Santiago, recientemente fallecido (calle Seijas Lozano).
    Al día siguiente se organiza una expedición con destino a las poblaciones de Salobreña y Almuñécar. Antes de llegar a Salobreña se vieron sorprendidos por una cuadrilla de hombres armados con escopetas, que invitaron a los distinguidos viajeros a que regresaran sobre sus pasos con amenazas de emprenderla a tiros.
    Copiamos textual: 

    “Después de tan agresiva y escandalosa amenaza la canallesca cuadrilla se retiro de la carretera.
     Cuando el Sr. Romero y sus acompañantes comentaban el suceso y resolvían si debían o no seguir el viaje, se presentó el alcalde de Salobreña, Don Manuel Ruiz, amigo del candidato.
     El alcalde ocupo un asiento en el coche del señor Romero Cibantos y continuaron hacia el pueblo, manifestando el señor Ruiz que nada ocurriría.
     Sin embargo, en un recodo del camino apareció nuevamente la cuadrilla apuntando con las escopetas.
     Al llegar al recodo el segundo de los carruajes hicieron fuego aquellos salvajes disparando infinidad de tiros y entablándose una verdadera batalla campal.
     El distinguido joven D. Luis Vinuesa, que formaba parte de la comitiva, resultó con dos heridas de arma de fuego, una en el brazo izquierdo y otra en el pecho.
    Uno de los caballos del carruaje quedo muerto en el lugar de la refriega.
     Los autores del escandaloso hecho se dieron a la fuga”.

(El Defensor de Granada 14 de febrero de 1918)

    Al frente de aquella cuadrilla de escopeteros se hallaba Paulino Ruíz Romero, hermano de aquel famoso alcalde autor del manifiesto de 1916, que sería finalmente detenido junto al resto de la cuadrilla. Ello explica que los disparos no se efectuaran sobre el primer coche en el que viajaba el candidato, ya que iba protegido por el propio padre del agresor, que sabedor de la trama orquestada había salido al encuentro de la expedición electoral con el fin de evitar el incidente:

    “El hijo del alcalde viendo a su padre en el primer coche, gritó a sus secuaces: ¡No tirar que va mi padre!

   ¿Qué intereses habría en juego como para que esta familia se hallara tan dividida políticamente?
     Todo indica que el padre, Manuel Ruiz, era adicto a Romero Civantos, mientras que sus hijos, Federico (el del manifiesto de 1916) y Paulino (el escopetero) Ruiz Romero, ambos ex alcaldes, eran enconados enemigos del diputado encasillado. De lo publicado en la prensa se desprende que Federico había fallecido recientemente hallándose internado en el manicomio de Granada. ¿Pudieran haberle hecho la vida imposible y el hermano quiso vengarse? De momento, no disponemos de fuentes como para despejar la incógnita.
    Romero Civantos ganó con holgura aquellas elecciones. Una nueva crisis de gobierno propició el adelanto electoral para junio de 1919, recayendo el escaño hasta 1923 en manos de políticos conservadores locales pertenecientes a la oligarquía agrícola y financiera: Rafael Valderde Márquez y Ricardo Rojas Herrera
    En las elecciones de mayo de 1923 volvería Romero Civantos a ser proclamado diputado electo por el distrito de Motril con arreglo al artículo 29 de la Ley Electoral (proclamación sin elección).
     El golpe de estado protagonizado por el General Primo de Rivera en septiembre de ese mismo año 1923 ponía definitivamente fin a su carrera política y  afectada también a la profesional (cesado en el cargo de Fiscal del Tribunal de Cuentas del Reino).
    La llegada de Don Niceto Alcalá Zamora (de su pasada familia política) a la presidencia de la República Española en abril de 1931 la aprovecharía para ser nombrado Magistrado de la Sala de Justicia Militar del Tribunal Supremo. 

Nº 2: Isidro Romero Civantos
    En agosto de 1932 se encontraba entre los magistrados de la sala sexta del Tribunal Supremo a quienes se les encomendó el juicio sumarísimo de urgencia contra los promotores del levantamiento militar de Sevilla contra la República (Sanjurjada).
    Permanece en la carrera judicial hasta agosto de 1936 en que se decreta su jubilación en la Gaceta de la República. Desconocemos como le afecta la guerra civil. En 1943 se publica nuevamente su jubilación en el B.O.E. En 1947 aún vivía en la capital de España.

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