Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

02 noviembre 2013

VALES Y PAPEL MONEDA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA



PORCUNA (Jaén)

    Cuando la columna del Tte. Coronel Redondo y demás tropas del ejército rebelde tomaron la ciudad de Porcuna el 1 de enero de 1937 se encontraron con un importante alijo de billetes locales, emitidos por el Comité del Frente Popular. La emisión, aunque lleva fecha de 1º de septiembre de 1936, parece ser que no llegó a entrar en circulación. Fueron abandonados a su suerte por quienes tuvieron que salir precipitadamente de la población. Localizados en el Ayuntamiento debieron repartírselos como trofeo entre los integrantes de aquella fuerza ocupante.


    A los pocos días, un anónimo redactor de prensa al servicio de la causa propagandista de F.E. de las J.O.N.S, repara con asombro en los mismos y ridiculiza, con  importantes dosis de bellaquería e ignorancia, su reciente descubrimiento: 
    
   “Ayer tuvimos la ocasión de ver y palpar, una peseta y una “chica abisinia”.
    Pero no se sonrían los maliciosos mal pensados, porque esa chica a que nos referimos no es ni más ni menos que una moneda roja de cero cinco, procedente del Frente Popular de Porcuna; se trata, pues, de una “perra chica”.


    Un cuadradito de cartulina azul de el tamaño de un sello de correos, en la que impreso en un recuadro se lee cinco céntimos.
    ¡Cómo está el patio!


    La peseta ya es otra cosa, porque es en un papel que tiene hasta su litografía y todo, con esta pomposa inscripción: Frente Popular de Porcuna; Vale por una peseta.
    Y debajo, tres firmas con su correspondiente “garañato” por rúbrica de otros tantos analfabetos.
    Claro que este papel moneda de Porcuna está sobradamente garantizado y así lo manifiesta en el reverso.


    Y la garantía es la recolección de la próxima cosecha de la que se han incautado los rojos de aquel país sin tener en cuenta que puede venir algún pedrisco, y ¡adiós cosecha!
    Menos mal que se cuidan de advertir que aquel dinero no circula más que en aquella dichosa región.
    ¡Toma, no! Prueben con él a comprar algunos calcetines o cintas bicolores en la casa de los “fenicios” que nosotros conocemos por acá y verán a donde los mandan”.

   En Porcuna, además de esa perra chica acartonada de la que no ha llegado muestra alguna a nuestros días, al menos nosotros no la conocemos, se emitieron billetes por valor de 1, 2, 5 y 25 pesetas en diversas tintas.



    Las firmas que aparecen estampadas en su anverso no son precisamente “garañatos” o garabatos de analfabetos. Se corresponden con las del Alcalde Presidente del Frente Popular, Rafael Montilla (un obrero autodidacta con un considerable nivel de instrucción y que llegó a ejercer como maestro en la escuela instalada en la Casa del Pueblo), y la de dos funcionarios municipales que optaron por mantenerse fieles a la legalidad: el Depositario Manuel Cañete Romero y el Contador, que no hemos sido capaces de identificar.

    No se tratan de emisiones caprichosas, sino que responden a las circunstancias excepcionales de la economía de guerra.
    Desde un primer momento se produce un generalizado afán de acaparamiento, especialmente entre las monedas de plata, que hizo desaparecer y escasear la moneda fraccionaria. Este hecho dificultaba o imposibilitaba las pequeñas transacciones entre las personas. La situación empeora cuando, por necesidades del conflicto, las monedas de cobre, acuñadas durante la república,  fueron recogidas y destinadas a la fundición para fabricar material de guerra.
    A tal escasez contribuyeron también algunas medidas del gobierno republicano, que en octubre de 1936, ante la necesidad de divisas para mantener la maquinaria de guerra, dispuso la retirada de las monedas de plata de 5 y 10 pesetas que fueron sustituidas por billetes.
    Durante esos primeros momentos de desconcierto, las emisiones locales de papel moneda son autorizadas por el gobierno ante la acuciante necesidad. Las de Porcuna estaban respaldadas por las fincas incautadas y los bienes almacenados procedentes de las mismas, más los añadidos de futuras recolecciones.
    Hasta en algunos territorios del bando nacional, desde el que se ridiculizaba la formula roja, tuvieron que recurrir a ella de manera provisional.



    La oferta de billetes locales es abundante en las páginas dedicadas a la venta de objetos de coleccionismo. Los de Porcuna, en concreto, aparecen ofertados en sus diferentes valores a unos precios relativamente asequibles.
    Aquí es donde entra en juego la suspicacia ante la pillería típica de este mundillo. Con las tecnologías actuales no tiene que ser demasiado difícil reproducir aquellas impresiones y colocarlas en el mercado con la coletilla de “sin circular”.
   Algunos pillos elevan al incauto comprador a la categoría de tonto. Con unos motivos tipográficos prácticamente idénticos se ofrecen series completas, cual si fueran pliegos de sellos, con valores que oscilan entre los 2 y 50 céntimos:


   El fraude resulta más que evidente en la siguiente comparativa. Recorte de un pliego con idénticos valores asignado a otra ciudad:



MOTRIL (Granada)





    En la ciudad de Motril al principio se utilizaron los vales al portador propios de los ensayos colectivistas, que ante el abuso, fueron sustituidos a finales de agosto por la puesta en circulación de una emisión de papel moneda local. El Comité Central Permanente dejaba caer la siguiente advertencia en la prensa local:

   “El papel moneda emitido es una cosa decidida y los comerciantes, vendedores ambulantes, industriales, etc, tienen la obligación de tomarla en evitación de medidas que seríamos los primeros en lamentar”.

 (El Faro Rojo de 1 de septiembre de 1936)


    Por su ámbito de circulación estrictamente local se producían situaciones paradójicas como las recogidas del siguiente testimonio oral:

   “Teníamos una cantidad de leche que no podía ser consumida aquí y que no podíamos llevarla a otro sitio, mientras que los huevos que nos faltaban y que tenían de sobra en el pueblo de al lado, no los podíamos comprar porque el dinero no valía… fue una situación catastrófica”.

   Ambas referencias proceden del libro de Mario López Martínez /Rafael Gil Bracero: Motril en Guerra. De la Republica al franquismo. La utopía revolucionaria. Colección Ingenio, 1997.


    Los billetes de Motril estuvieron en circulación hasta febrero de 1937 cuando la ciudad resulta ocupada por el ejército nacional. Son abundantes y con valores comprendidos entre los 5 céntimos y las 25 pesetas. No se libra tampoco esta población de la burda falsificación. Dos muestras diferentes:




CASTRO DEL RÍO (Córdoba)



   La tomadura de pelo de mayor envergadura se corresponde con esa otra población objeto de este espacio, Castro del Río.
   En esta localidad cordobesa, con claro predominio de las fuerzas anarcosindicalistas, se vivió una efímera experiencia colectivista durante los dos meses que permaneció bajo control de las fuerzas políticas y sindicales de izquierda. Se abolió el dinero y funcionó su economía con vales canjeables.  


     El austriaco Franz Borkenau, durante su periplo viajero por la España republicana, nos ha dejado un testimonio, creemos que algo idealizado, inexacto y exagerado, sobre aquella experiencia colectivista:

    

   "Castro del Río, un pueblo andaluz típicamente populoso y maldito, es uno de los más viejos centros anarquistas de Andalucía. Su grupo CNT tiene ya veintiséis años de existencia y, desde la derrota de la guardia civil en Castro, los anarquistas son la única organización existente... Los insurgentes, cuyas lineas principales corren a unas millas de la aldea, la han atacado desde entonces por dos veces sin éxito. Todas las entradas estaban fuertemente custodiadas y cerradas por barreras, con capacidad técnica bastante fuera de lo común. Esto había dado tiempo a los anarquistas locales de introducir su edén anarquista el cual, en más de un aspecto, se parece bastante al introducido por los anabaptistas en Munster en 1534.

   El punto más notable del régimen anarquista en Castro es la abolición del dinero. El intercambio monetario ha sido suprimido; la producción ha sufrido muy pocos cambios. Las tierras de Castro pertenecían a tres de los más grandes magnates españoles; todos ellos, ausentes por supuesto, han sido expropiadas. El ayuntamiento local no se ha fundido con el comité, como en el resto de Andalucía, sino que ha sido disuelto, el comité ha tomado su lugar y ha creado una especie de sistema soviético. Se ha apoderado de las tierras y las administra. Estas no han sido inteqradas, sino que se las sigue trabajando por separado, contando con los mismos obreros empleados antes en ellas. Los salarios han sido suprimidos. Sería incorrecto decir que han sido sustituidos por una paga en especie. No existe paga de ninguna clase; las tiendas del pueblo alimentan directamente a los habitantes.
   Organizados bajo este sistema el aprovisionamiento de la aldea es de la peor clase; podría aventurarme a decir que es más pobre de lo que pueda haber sido jamás antes, aun teniendo en cuenta las desgraciadas condiciones en las que los braceros andaluces se ven obligados a vivir. El pueblo tiene la suerte de cultivar no solo aceitunas, como sucede con otros muchos pueblos parecidos, sino también trigo; así que al menos hay pan. Posee además grandes rebaños de ovejas, expropiados junto a las fincas, y eso brinda alguna carne. Y todavía cuentan con una tienda de cigarrillos. Eso es todo. En vano intenté tomar alguna bebida, fuese ésta café, vino o limonada. Las tabernas de la aldea habían sido cerradas ya que las consideraban un comercio nefasto. Di un vistazo a las tiendas. Sus depósitos eran tan reducidos, que podía predecirse una próxima hambruna. Pero los habitantes parecían estar orgullosos de este estado de cosas. Estaban complacidos, como ellos mismos nos dijeron, de que hubiese cesado el consumo de café; contemplaban esta abolición de cosas inútiles como una mejora moral, Las pocas comodidades que necesitaban venidas de fuera, principalmente ropa, pensaban obtenerlas del trueque directo de sus excedentes de aceitunas (para lo cual, sin embargo, ningún arreglo había sido concertado). Su odio hacia las clases superiores era mucho más moral que económico. No querían tener acceso a la buena vida de aquellos a quienes habían expropiado, sino liberarse de sus lujos, que a sus ojos eran otros tantos vicios. Su concepto del nuevo orden que debía prevalecer era totalmente ascético”.

    Procedentes del Archivo Histórico Municipal de Castro del Río conservamos unas fotocopias de seis vales emitidos por una Junta Reguladora de Trabajo, posteriores todos al 6 de septiembre de 1936 en que Borkenau visita Castro del Río. Su máximo responsable parece ser el abogado Manuel Castro Merino (Unión Republicana), cuya firma aparece estampada en todos y cada uno de ellos.




    Su destinatario un Taller de Herrería Colectivizado, que, según consta en los mismos, estaba obligado a conservarlos como justificante de los trabajos realizados. Sólo en uno aparece el sello del Comité Local del Frente Popular, otro no lleva sello y en el resto con el del Ayuntamiento Republicano. Debieron ser utilizados como prueba inculpatoria contra Manuel Castro en el juicio sumarísimo del que saldría su condena a muerte.
    Aunque con predominio de las huestes anarquistas, de aquel improvisado sistema económico participaron el resto de las fuerzas políticas responsables del triunfo de la candidatura del Frente Popular en las elecciones de Febrero de 1936, cuyo Ayuntamiento se hallaba en suspenso y sustituido por un Delegado Gubernativo al iniciarse la guerra, constituidas a partir del 18 de julio en Comité Revolucionario.    


    El falsificador fraudulento aquí llega a rizar el rizo. En su afán de rentabilizar sus tiradas emite unos cartones moneda, que en los lugares ribereños como Castro del Río o la barriada cordobesa de Alcolea, para hacerlos más vistosos, los remata con cabezas de pato en el centro de la circunferencia. Llevan fecha de 1937 cuando Castro ya se hallaba en zona nacional, mientras que Alcolea lo estuvo prácticamente desde el principio. ¡De juzgado de guardia!


2 comentarios:

  1. Hola, ¿has encontrado algún billete emitido por el Consejo Municipal de Carboneras (Almería)? Un saludo

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    1. Yo, en concreto, tengo dos de la primera emisión, de 25 céntimos y una peseta

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