Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

05 junio 2014

LOS SUCESOS DE 1915 (CRISIS DE TRABAJO Y MOVIMIENTO OBRERO EN MOTRIL).



    El año de 1915 fue especialmente conflictivo en nuestro país. A la escasez y carestía de los artículos de primera necesidad derivada del conflicto bélico que se venía desarrollando en Europa, se suma una aguda crisis de trabajo. Las manifestaciones de protesta y los conflictos sociales proliferan a lo largo y ancho de la geografía nacional. El recurso al máuser, para sofocar y acallar las protestas, estuvo revestido de sangre en numerosos lugares. Por su especial resonancia destacan sucesos como los de Cenicero (Rioja) o  Torreperogil (Jaén). En la costa granadina, manifestaciones de protesta, desarrolladas en las poblaciones de Ítrabo y Motril, fueron disueltas a tiros por efectivos de la guardia civil.
    Nos detendremos en esta última. Analizaremos, de camino, la evolución de aquel emergente obrerismo motrileño, que había ganado considerablemente en adeptos y organización tras la visita de Pablo Iglesias en octubre de 1914. Intentaremos además desentrañar posibles maniobras arteras desplegadas por el caciquismo monárquico para liquidar o manipular a aquellos que escapaban de su control.


La organización obrera motrileña

     En abril de 1914 nacía en Motril una agrupación socialista bajo la denominación de “La Democracia Social”. Salvadas las primeras trabas y los típicos recelos por parte de la autoridad local terminarían estructurando una importante organización en torno a la cual se aglutinarían los diferentes gremios laborales. Se hicieron con una sede social ubicada en la céntrica calle Hernández Velasco nº 45 (Nueva). Un magnífico y amplio edificio con espacios comunes y salas de reuniones para las diferentes sociedades que se iban incorporando: “El Despertar” (agrícolas), “La Hércules” (obreros del puerto), “El Trabajo” (albañiles), “La Progresiva” (alpargateros), “La Razón” (transportes), “la Emancipación” (obreros del mar) y una activa “Juventud Socialista”.


Juntas Directivas - enero de 1915



    Durante sus primeros meses de vida no aflora reivindicación alguna. Sus primeras actividades se limitaron a la organización de conferencias de extensión cultural. El alcalde conservador, dramaturgo y poeta don Gaspar Esteva Ravassa, atendiendo la invitación cursada por los socialistas motrileños, impartió una de ellas. Se dice, que terminó su intervención con la siguiente frase: “Si esto es el socialismo bendito sea”.

Gaspar Esteva 
    El siguiente logro sería la creación de una escuela completamente gratuita para los asociados y sus hijos: “Asisten varios cientos, recibiendo la enseñanza en locales más amplios, más higiénicos y aun mejores condiciones de material que las escuelas nacionales, instaladas por lo general, como es sabido, en cuchitriles inapropiados al caso”.
    Se comparte también ese típico afán de regeneración moral y cultural propio de aquel primer obrerismo organizado. En marzo de 1915 el Centro Obrero tenía presupuestadas 75 pesetas al mes para la adquisición de libros, prensa y revistas, disponía de una pequeña biblioteca para el recreo de sus socios y estaba prohibido el consumo de bebidas alcohólicas en sus locales. En el piso alto se habían acometido obras para acondicionar un pequeño teatro en el que pudiera actuar su Cuadro Artístico, constituido recientemente e integrado por jóvenes de ambos sexos.
     Definitivo para el arraigo societario fue la creación en septiembre de 1914 de una cooperativa socialista titulada “La Redención” dedicada a la elaboración y venta de pan. Su nacimiento coincide con la carestía del precio del pan y los primeros problemas con la falta de peso, fraude al que recurrían algunos pícaros industriales para no tener que modificar el importe de venta al público. Aquello atrajo hasta sus filas una considerable cifra de nuevos adeptos. 
     Es durante esa etapa de máximo potencial humano cuando tiene lugar  la visita del líder nacional del Partido Socialista Obrero, Pablo Iglesias, que terminaría arrastrando a muchos obreros indecisos.
     Es justo a partir de entonces cuando se enturbian las relaciones con las autoridades locales y surgen los primeros miedos y recelos. El caciquismo motrileño desplegará su maquinaria para intentar frenar ese meteórico auge. Se recurre a todo tipo de artimañas. Se intenta fomentar el sindicalismo católico. Las autoridades municipales, según fuentes socialistas, instaban a sus propios empleados para que engrosasen sus filas, bajo la amenaza de perder su empleo. La Iglesia también puso su granito de arena trayendo hasta Motril a un predicador que lanzó los típicos anatemas contra la lucha de clases y en pro de la armonización social preconizada desde los postulados del sindicalismo católico:

    “En un Centro católico, al que por desgracia concurren algunos obreros tan faltos de energía como de conciencia de sus intereses, ha puesto cátedra un fraile, con el “noble” fin de dividir a los trabajadores. Según él hay, Centros de bien y Centros del mal: a los primeros pertenecen los ricos y los obreros sumisos; a los segundos los socialistas. Después de decir esto, arenga a los obreros para que se salgan no sólo de sus casas, sino de sus casillas, y les pide que no sean cobardes y no vayan con quienes les proponen realizar transformaciones que produzcan la igualdad de medios y la desaparición de los parásitos sociales”.

(El Socialista - enero de 1915)

    El entrecomillado pertenece a un artículo, firmado por un anónimo socialista motrileño, publicado en El Socialista con el encabezamiento de “Los caciques contra los socialistas de Motril”. Detrás del anonimato creemos que se esconde el activo militante de la agrupación local  y corresponsal de la prensa socialista, Eduardo Castro, un joven que gozaba de cierto prestigio y ascendencia entre los trabajadores motrileños. Otras críticas y denuncias, cada día más incisivas, se fueron sucediendo en las páginas del diario "El Socialista".


     La sección titulada “Los feudos del caciquismo” se hace eco de una serie de coacciones, intimidaciones, atropellos e ilegalidades cometidas contra el obrerismo organizado socialista:

    “El día 25 del pasado mes de enero se presentó en el Centro Obrero el jefe de la policía municipal que requirió los libros. Un compañero le contestó que cada sociedad tenía sus libros bajo llave. Quedó en volver por la noche. El objeto perseguido es sacar nota de los socios para perseguirlos hasta aniquilarlos”.

    “En la puerta del Centro Obrero hay una pareja de guardias municipales constantemente, vigilando a todo el que entra y sale, para denunciar luego ante el alcalde a aquellos que, habiendo sido amenazados, continúan en su puesto. En el mismo paso del Centro se ponen todas las noches los cabos de serenos y cachean a los viandantes; lo más irritante es que la medida no es general, sino aplicada sólo a los afiliados”.


    Tal cúmulo de denuncias tuvo una primera consecuencia inmediata, el cese de Eduardo Castro como empleado del municipio.

Crisis agrícola y de trabajo

    La primera viene de atrás y es consecuencia directa de la progresiva crisis del cultivo de la caña de azúcar y el de otros con los que se le quiso sustituir. Además, las heladas e intensos fríos de aquel invierno acabaron con la mayor parte de la cosecha. Lo mismo pasó con las patatas que, aunque volvieron a retoñar, tuvieron paupérrimos rendimientos (30 arrobas por marjal). Por culpa de la progresiva descapitalización de pequeños y medianos labradores una tercera parte del marjalado de la fértil vega motrileña se hallaba baldío.


   Para atajar la crisis de trabajo se recurrió en un principio a los tradicionales alojamientos. Los terratenientes dieron ocupación a un pequeño porcentaje del cada día más numeroso grupo de parados. La necesidad apremia, el malestar cunde y la solución resulta insuficiente.
   A mediados de enero de 1915  las sociedades obreras motrileñas solicitaron permiso para celebrar una manifestación pública en demanda de soluciones a la pertinaz crisis de trabajo que afectaba principalmente a quienes dependían, única y exclusivamente, del jornal diario. Se protestaba, de camino, por la falta de peso del pan. Sería denegada por la primera autoridad provincial, que además les impide y prohíbe la celebración de un acto público. 


    Las soluciones podían llegar a través de dos importantes obras públicas que se hallaban en fase de ejecución: las obras del puerto y el tramo Motril – Calahonda de la carretera nacional Málaga- Almería.
    El número de trabajadores que emplearon los respectivos contratistas seguía resultando insuficiente. Delegados de las sociedades obreras conferenciaron con el contratista de la carretera. Demandaban una subida del jornal e intentaron concienciarle sobre su capacidad real y necesidad de acoger a un mayor número de trabajadores.
    La reclamación surtió efecto en cuanto al salario, que pasó de 6  reales a 8 (2 pesetas). También se comprometió a dar más trabajo en el momento que se recibieran las nuevas herramientas que tenían encargadas.
    Las soluciones no terminaban de cubrir las necesidades. Ante la miseria generalizada y la angustiosa situación por la que atravesaba la clase trabajadora se temía un estallido social, como finalmente ocurrió.


La manifestación del 8 de marzo

   La promesa del contratista se dilataba en el tiempo. Los obreros parados, impacientes e instigados por el hambre (probablemente también por el Centro Obrero), optaron por presentarse a pie de obra a primera hora de la mañana del día 8 de marzo. Llevaban herramientas que se procuraron por sus propios medios. El encargado no quiso o no pudo admitirlos. Al grito unánime de todos o ninguno, los pocos que se hallaban trabajando abandonaron el tajo y se sumaron a los demandantes, tomando juntos rumbo presto hacia Motril:

   “Al verlos entrar, las mujeres, las hijas y las madres percatadas de lo que había ocurrido, prorrumpieron en gritos de indignación y apostrofando a sus esposos, sus padres e hijos, los excitaron a protestar con mayor energía, calificándolos de cobardes y enarbolando en un astil un pañuelo encarnado recorrieron la calles de la ciudad costera, pidiendo a grandes voces pan y trabajo”.

    Se dirigieron en busca de don Juan Moré, presidente de la Cámara de Comercio, que se hallaba acostado y no pudo o no quiso recibirles. Solicitaban el cierre de los comercios. No hizo falta su intervención ya que los comerciantes ante tan imponente y encendida manifestación procedieron a su cierre inmediato.
    Los pocos obreros empleados en las obras del puerto se sumaron por solidaridad. La guardia municipal es incapaz de frenar y disolver aquella multitudinaria concentración de hambrientos en demanda de pan y trabajo. Tiene que intervenir la Guardia Civil con su capitán a la cabeza. Sus órdenes de disolución, al parecer, no fueron  atendidas. El corneta dio un toque de atención contestado con una lluvia de piedras, mueras y griteríos. El capitán, según la versión oficial, recibió pedradas en la mano y en una pierna que le obligaron a hacer uso de su arma reglamentaria. Un obrero, llamado Francisco Navarro García, cayó a tierra herido por un balazo que le atravesó la oreja. Se desata la confusión y la guardia civil carga sobre los manifestantes que se dispersaron.



   Volvió a reconcentrarse un numeroso grupo que se dirigió al Ayuntamiento. No pudieron ser recibidos por el Alcalde, que se hallaba ausente. Estaba en Granada solucionando asuntos relacionados con la inminente celebración de las elecciones a diputados provinciales. Eduardo Castro, secretario de la A.S., desde el balcón principal del Ayuntamiento, consiguió que finalmente el grupo se disolviese.

Consecuencias

   A raíz de de aquellos sucesos se procede a la clausura inmediata del Centro Obrero. A los pocos días son detenidas unas 40 personas entre las que figuraban algunas mujeres a las que se acusaba de arrojar piedras contra la guardia civil.
    Los socialistas intentan desmarcarse de los hechos y le atribuyen a la manifestación un carácter improvisado:
    “A ello fue ajeno el Centro Obrero. Tanto es así, que desde las diez de la mañana, hora en que empezó a notarse la agitación, el Centro estaba cerrado, a fin de evitar que se le quisiera utilizar como punto estratégico para los fines que convinieran a las autoridades caciquiles”.
    Tachan de arbitraria la clausura y atribuyen tal proceder a una persecución orquestada por los elementos caciquiles, ya que en poco tiempo habían conseguido extender sus propagandas a otras poblaciones del distrito electoral en las que se habían estructurado organizaciones y sindicatos, caso de Salobreña, Ítrabo o Torrenueva. 
    Poco a poco serían puestas en libertad permaneciendo finalmente recluidos, inculpados y expuestos a la jurisdicción militar, por atentado contra la fuerza pública, las siguientes personas:
     Eduardo Castro, presidente de la Juventud Socialista y secretario del consejo de dirección del Centro Obrero, por creérsele uno de los principales cabecillas del motín.
    Francisco Antúnez, vicepresidente de La Emancipación. Era acusado por un guardia municipal apellidado Olmedo, de recriminarle cuando éste, revolver y sable en mano, trataba de detener a los grupos que corrían de la guardia civil.
    Manuel González Martínez, socio agricultor, acusado de amenazar a la fuerza armada.
    Juan Chamorro López, albañil, acusado de llevar una bandera.
    Francisco Sarmiento Moreno, del campo. Capturado por la guardia civil durante el tumulto fue liberado por un grupo de mujeres que lo sacó del cuartel y nuevamente capturado. 
    Serían pronto puestos en libertad provisional, aunque conscientes de las consecuencias que podía acarrearle su comparecencia ante un Tribunal Militar, llegaron, incluso, a remitir una carta al Dr. Luis Simarro, por entonces Presidente del Comité Nacional para la Defensa de los Derechos del Hombre, para que intercediera por ellos.


Las elecciones a diputados provinciales

    Los socialistas motrileños tenían escaso historial en lides electorales. Su primer contacto con las urnas fue en el mes de junio de 1914, casi recién constituida la sociedad. Las elecciones a diputados a Cortes celebradas en 8 de marzo tuvieron que repetirse al resultar estimada la impugnación del acta ganada por el conservador José María Márquez y Márquez. Desde “La Democracia Social” se acordó la abstención y se prohibió a los asociados que formaran parte de las mesas electorales:

    “En Motril se daba el primer caso de dignidad en los electores al negarse muchos a votar por imposición, alegando su derecho de hacerlo por aquel que le fuera más simpático o defendiera más directamente los interés comunes”.

     Para las elecciones a diputados provinciales convocadas para el domingo 14 de marzo de 1915 su actitud cambió considerablemente. Los sucesos recientes habían potenciado la animadversión obrera contra los conservadores, especialmente contra el Alcalde, don Gaspar Esteva, a quien acusaban de inhibición a la hora de buscar soluciones a la crisis de trabajo y le hacían responsable de las persecuciones que venían sufriendo. Llegaron a recomendar el voto para los candidatos demócratas (seguidores de Romero Civantos) y para el motrileño Francisco Moré de la Torre que comparecía en representación de la facción liberal romanonista.
    Este anunciado comportamiento afectaba y descomponía los tradicionales amaños y pactos entre los partidos dinásticos en el distrito. Los caciques de los diferentes bandos celebraron una reunión previa en casa de don Francisco Moré, finalmente elegido, para encontrar una fórmula que evitara la confrontación.
   Para la siguiente cita con las urnas (elecciones a diputados a Cortes del 9 de abril de1916) el potencial del obrerismo motrileño ya había mermado considerablemente y desconocemos que actitud adoptaron entonces.


    La ciudad de Motril tras aquellos convulsos días de detenciones e inciertas elecciones recuperaría poco a poco la normalidad. El domingo 21 de marzo se celebró un multitudinario mitin obrero en la Explanada de Capuchinos. Además de los representantes del Centro Obrero, subió a la tribuna el abogado, farmacéutico, periodista  y escritor José Garcés Herrera, que abogó por la búsqueda de soluciones por la vía pacífica, De aquel acto salió una comisión que pasó al Ayuntamiento donde fueron recibidos amablemente por el señor Esteva Ravassa. Los obreros solicitaron a la primera autoridad pan y trabajo.
    La autoridad municipal y el gobierno de la nación tras aquel estallido violento arbitraron los medios necesarios para sofocar paulatinamente aquella aguda crisis de trabajo.

El Consejo de Guerra

    En el mes de mayo de 1916 se celebra en la Casa Ayuntamiento de Motril el Consejo de Guerra para la vista de dos causas por los supuestos delitos de insulto a fuerza pública, que provienen de sendos desordenes ocurridos en Motril y Ítrabo un año atrás.
   Para los procesados de Motril el fiscal solicitaba la pena seis meses de arresto mayor y sus defensas la libre absolución:

   “Las defensas, en brillantes escritos, abogaron por sus patrocinados y fundamentaron su irresponsabilidad en dos razones poderosas; una, de derecho penal, y otra, de derecho social.
    Plantearon la primera al exponer una de las manifestaciones en la génesis del delito, y probando que no delinque quien no exterioriza en acto punible su acción, pues nadie puede castigar al que falta a la ley con el pensamiento”.

    No hemos sido capaces de encontrar la sentencia definitiva, aunque lo más probable es que todos resultaran absueltos.
  
Eduardo Castro Fernández

   Apreciamos cierto vacío informativo en torno a este controvertido personaje de la historia del movimiento obrero motrileño. Se conocen relativamente pocos datos sobre su trayectoria. Habría que seguir estrujando la colección de El Socialista para desentrañar cómo y cuando se desvincula del socialismo motrileño, que a partir de 1919 prácticamente desaparece. Lo poco que sabemos de él es a través del testimonio de su enconado enemigo Narciso González Cervera. No entraremos en detalles de momento, preferimos seguir investigando sobre él y emplazarles para una próxima cita.

FUENTES UTILIZADAS

El Socialista (1914-1916). Hemeroteca de la Fundación Pablo Iglesias.
Prensa periódica granadina, alojada en la Biblioteca Virtual de Andalucía. Especialmente jugoso lo publicado por El Defensor de Granada, que envió a Motril a uno de sus redactores para poder hacerle un seguimiento directo a aquellos sucesos.
Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional

Bibliografía:

Instituto de Reformas Sociales: censo electoral de asociaciones profesionales a 30 de junio de 1916. Sobrinos de la suc. de M.Minuesa de los Ríos. Madrid.1917.
Antonio Mª  Calero Amor / Historia del movimiento obrero en Granada (1909-1923). Ed. Tecnos. Madrid, 1973.
Salvador Cruz Artacho / Caciques y campesinos: poder político, modernización agraria y conflictividad rural en Granada (1890-1923). Ed. Libertarias, 1994.

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