Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

18 abril 2013

SAN MARCOS EN PORCUNA (TRADICIONES PERDIDAS)



SAN  MARCOS, LETANÍAS Y  ROSARIO, Porcuna (Jaén).

     La víspera se dirigía a la ermita del Santo el Clero y los fieles rezando el rosario. La ermita está situada en una altura a las afueras del pueblo. Lo traían en procesión y al día siguiente lo llevaban cantando las letanías de todos los Santos.
     La “santera” alfombraba todo el suelo de la ermita con una gran capa de “hinojos”, y tenía preparados ramos de flores para todos los sacerdotes.
     Después  de  celebrada la misa regresaban al pueblo; llevando cada sacerdote en una mano la vela encendida y en otra el ramo de flores.
     Algunas personas devotas del Santo pasaban la tarde en San Marcos, llevando de merienda los típicos “hornazos”, que son un pan de aceite con un huevo sujeto por dos tiras cruzadas de la masa.

Hornazo de Justa

CANDELARIOS

     También la víspera de San Marcos recorren los niños las calles del pueblo, llevando cada dos un palo en el que van colocando todas las espuertas, serones, esteras, sacos viejos, etcétera, que en ellas le dan. En las plazas, encrucijadas anchas van acumulando todo lo recogido, y al atardecer encienden los candelarios.


     Los niños saltan alrededor y cantan:

Señor San Marcos,
la flor de los campos.
Señor San Benito,
la flor de los pitos.

     Esto lo cantan en tono de letanía.

     En  la última decena de abril empiezan a florecer los campos por estas tierras; mejor dicho, ya están plenamente florecidos.
     El 21 de marzo es la festividad de San Benito Abad, Patrón de este pueblo. En este tiempo los niños hacen de las cañas verdes de la cebada zampoñas o pitos.

       Lo transcrito pertenece a un pequeño artículo firmado por Doña Dolores Fernández Bellido, maestra de sucesivas generaciones de niñas de Porcuna, que apareció publicado en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares (cuadernos 3º y 4º del tomo I del año 1945), donde se recogen algunos aspectos más o menos conocidos en torno a la tradición histórica de la festividad de San Marcos en la localidad.
      Refiere la celebración estrictamente religiosa en tiempo pasado, lo que nos induce a pensar en que por las fechas en que se publica este pequeño trabajo no se había superado aún en sus formas antiguas la interrupción que sufriera durante la guerra, y que pudiera remontarse incluso al periodo republicano. Desconocemos el momento exacto en que fue sustituida la primitiva y desaparecida talla de madera por la que se venera en la actualidad. Heredia Espinosa dice que fue al terminar la contienda civil.
     Nos ha llamado la atención el papel protagonista desempeñado por la santera (mujer del santero). Esta familia, con residencia en la propia ermita, era usufructuaria también del famoso huerto anexo a la misma. El peculiar exorno aromático y floral desplegado para el día del santo sería algo implícito a su propia condición de caseros.
     La autora elude el localismo “chiscos” que sustituye por candelorios, más entendible para los lectores de una revista científica de difusión nacional.
     Para quien pueda despertársele la curiosidad sobre las teorías que se barajan en torno a la ancestral costumbre de encender hogueras, asociada al calendario solar y agrícola, así como de la historia de esta advocación en Porcuna, véase el trabajo de Antonio Recuerda Burgos: La devoción a San Marcos.
    Mi más sincero agradecimiento a Javier Navas Millán que asumió con agrado y diligencia la petición formulada para localizar y obtener copia del artículo de Doña Dolores entre los fondos de las bibliotecas públicas de la ciudad de Granada, en la que reside (véase entrada sobre San Marcos en su blog personal en la que se gesta la presente) .
     Para terminar, aprovechándonos de una fotografía capturada de la Escuela Nacional de Niñas regentada por Doña Dolores Fernández Bellido, de una fecha cercana a ese año 1945, trazaremos una breve semblanza de esta maestra de Porcuna. 


     Nacida en 1911 en el seno de una familia acomodada. Hija de Rodrigo Fernández Fernández (propietario) y de Dolores Bellido Barrionuevo. Sus hermanos varones, Rodrigo y Antonio, tuvieron ambos acceso a estudios superiores, Farmacia y Veterinaria respectivamente.
     Las mujeres procedentes del ámbito rural, con arreglo a la mentalidad predominante de la época, a lo máximo que podían aspirar eran a cursar la carrera de magisterio. Fue en las aulas de la Escuela Normal de Maestros de la capital de España donde Doña Dolores obtuvo el título que la capacitaba para ejercer la profesión de maestra, ostentando además el privilegio de haber participado de la experiencia de una de las instituciones educativas más prestigiosas de nuestro país, la Residencia de Señoritas dependiente de la Institución Libre de Enseñanza, bajo la dirección de la ilustre pedagoga María de Maeztu.



     Así consta en una relación de señoritas del curso académico 1935/1936 que aparece en un libro del que es autora Isabel Pérez -Villanueva Tovar: La Residencia de Estudiantes 1910-1936. Grupo universitario y Residenciade Señoritas.
     Debió finalizar sus estudios ese mismo año de 1936. Terminada la guerra ya la encontramos entre las maestras que impartían docencia en Porcuna, no librándose, pese a su extracción social conservadora, de los preceptivos informes y expedientes depurativos que puso en marcha el nuevo régimen, especialmente celoso con el magisterio.



1 comentario:

  1. Muchas gracias por la mención Alberto, es un placer poder ayudar en lo que sea (y si es de Porcuna, mil veces más). Te iba a recordar que "teníamos" este artículo pendiente desde el año pasado, y veo que no lo habías olvidado, como lo merecía San Marcos, y cómo no, doña Dolores, tan querida también por mi madre.

    Además, he releído mi pequeño artículo, y mantengo lo que ya dije sobre que de algún modo debía recuperarse al menos "algo" al estilo de las fallas de Valencia, aunque fuera un gran chisco en mitad de la plaza cada 25 de abril para recordar lo que un día fue todo esto y no perder nuestras costumbres, justo ahora que nada parece importar, que todo va tan deprisa y que tan fácil resulta perder tradiciones que vienen incluso de siglos.

    Un abrazo.

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