Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

22 mayo 2012

Los orígenes del cinematógrafo como espectáculo en Castro del Río (1904-1905).

Los orígenes del cine


    El primer contacto que tuvo la población cordobesa de Castro del Río con la proyección de imágenes en movimiento (cinematógrafo) fue durante la Feria Real del año 1904:
    “Pocos han sido los espectáculos de Feria, sólo un Trip-to-the-moon o cronofotograph que ha actuado en el teatro de “Vista Hermosa” y la compañía del señor Espejo en el del “Truco”. 

    Estas funciones debieron suscitar el lógico asombro general entre aquellos pobladores de principios del siglo XX.  La información la proporciona el activo y culto corresponsal-poeta José María Jiménez Carrillo. Se ve que no asistió a las mismas, el empresario del Vista Hermosa no era santo de su devoción y además era más aficionado a las elitistas representaciones teatrales de abono. Si a ésto añadimos sus escasos o nulos conocimientos del idioma utilizado por el Imperio Británico, no fue capaz de captar y reflejar en su crónica que detrás de esa concatenación de sonidos raros (Trip-to-the-moon) estaba la famosa cinta del "Viaje a la Luna" de Julio Verne, rodada en 1902 por Georges Méliés y que por aquellas fechas había sido ya proyectada exitosamente en todo el "orbe civilizado".

 
    Las tecnologías actuales se prestan a que podamos disfrutar de aquellos cuadros transcurridos 108 años. Apaguen las luces, pónganse cómodos y disfruten de la película. La única diferencia es que ésta lleva la música acoplada, mientras que en la original el acompañamiento musical estaría a cargo de la propia empresa exhibidora o a través del consurso de algún avezado aficionado local en el golpeo de las teclas del piano o pianola.


    
     Al año siguiente (1905), en unas fechas poco usuales (entre el 21 de enero y el 13 de febrero), con la población empezando a sufrir las consecuencias de una aguda crisis agraria y enfrascada aun en la recolección de la aceituna, un empresario llamado Antonio Ramírez de Aguilera instala “una hermosa barraca de cinematógrafo de su propiedad" en la Plaza de la Iglesia, que es anunciada con el altisonante encabezado de Pabellón Modernista.

 
    En esta ocasión, nuestro amigo Jiménez si entra en detalles y termina quedando encandilado por el novel invento, tal como se refleja en su crónica:

   “Se ofrecen dos funciones diarias en las que se exhiben magníficos cuadros, que hacen pasar el rato admirablemente a la numerosa concurrencia que honra, en las dos secciones, con su presencia al magnífico Pabellón Modernista”.


    “Entre el extenso repertorio que trae el Sr. Ramírez podemos contar con cuadros verdaderamente notables: “El viaje a Italia”, “Novela de Amor”, “Cacería del Sábalo”, “Los siete Castillos del Diablo”, “Una hojeada por piso”, “la Huelga o drama social” (para complacer o adocrtinar a los asociados de La Luz del Porvenir), “Drama en el aire” y otra infinidad más que, o nos deleitan con escenas de verdadera gracia o nos hacen sentir grandes emociones, como sucede con “La guerra ruso-japonesa”.
    “Es un verdadero agosto el que está haciendo el señor Ramírez. Por nuestra parte le deseamos siga la prosperidad, siquiera sea en remuneración de su trabajo, y agradecidos por habernos traído espectáculo tal, que viene a sacarnos de la monotonía del sentir del pueblo”.


    Al despedirse el empresario de la plaza, por tener que cumplir una contrata en Málaga, anuncia su regreso para primeros de marzo para amenizar las fiestas de carnaval. Promete hacerte acompañar de un magnífico órgano, ya repuesto de las averías causadas en el transbordo de Marsella a Málaga, y que había sido adquirido por una elevada suma en la casa de los señores Lamonaire Freres de París.
    “Cuando así suceda, traerá según nos ha dicho bastantes cuadros, entre los que se cuentan como muy notables “La Pasión” y otros varios cuyos nombres no recuerdo”.
    Aunque por el progresivo avance de la crisis agrícola generada por la pertinaz sequia, lo más probable es que este emprendedor empresario desistiera de su gira por la provincia de Córdoba, gravemente afectada por la misma.
    He pasado por mi cabeza el intento de localizar alguna de esas cintas anunciadas para volver a proyectarlas. Lo más probable es que muchas de ellas estén ya perdidas para siempre. Como “La Pasión” sí se conserva y me ha resultado muy fácil acceder a ella, acomódense que empieza un nuevo cuadro:



 
     A finales de ese mismo año de 1905, Antonio Ramírez de Aguilera regresará a la provincia con su Pabellón Modernista. Se instalará en la capital en un solar arrendado ubicado en la principal arteria de ocio y expansión de la ciudad, el Paseo del Gran Capitán, justo en frente del frecuentado Café Colón y muy cerca del Gran Teatro.



En primer plano a la derecha el Salón Ramirez (antes solar del pabellón)

   Hasta 1915 funcionaría como tal, incorporando números de variedades simultaneados con las habituales proyecciones cinematográficas. Esos diez años de explotación, permitirían a su propietario embarcarse en la adquisición del solar para edificar sobre el mismo un teatro-cine que pasará a la historia de la ciudad con el nombre de Salón Ramírez, que según Ricardo de Montis durante muchos años fue el teatro popular más concurrido de Córdoba, hasta su cierre definitivo en los años finales de la década de los veinte.


    Como para poder confeccionar esta entrada he tenido que adentrarme en los entresijos del negocio cinematográfico en la provincia de Córdoba durante aquellos primeros años del siglo XX, casi que da como para embarcarse en una nueva aventura en la que esas primeras barracas de feria ambulantes y las diferentes empresas que se dedicaron a su explotación en la provincia, principalmente en la capital, sean las protagonistas. Para entonces, tal vez cambiemos de género y proyectemos algunos cuadros un poquito más frescos, de aquellos que en sesiones extraordinarias de última hora, algunos empresarios proyectaban pese a la cuantiosa multa que podría acarrearle tan popular osadía.

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