Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

12 noviembre 2011

Francisco Villalba "El Feo" de Castro del Río (Aprendiendo a ser torero).


    A modo de necesaria introducción:

    A principios de la década de los sesenta irrumpía en el mundillo taurino un chaval de origen humilde casi analfabeto, nacido en Palma del Río (Córdoba) en 1936, que pese a carecer de esa técnica depurada que tanto demandaban y le reprochaban los puristas, supo pronto hacerse con su merecido hueco a base de valor y arrojo, pese a sus maneras, formas y suertes de nuevo cuño un tanto frívolas o revolucionarias.
     Su nombre Manuel Benítez El Cordobés, que no tardaría en convertirse en un autentico fenómeno de masas. Hasta llegaría a ser galardonado en 1967 con la Medalla de Oro al Merito Turístico, por levantar tal expectación y servir de reclamo entre aquellos primeros guiris que se dejaban caer por la piel de toro.
     Pronto su fama y su ejemplo de tenacidad y superación traspasaría nuestras fronteras, elevado a la categoría de héroe popular. Fueron Dominique Lapierre y Larry Collins los primeros en acercarse a este fenómeno, de una manera científica, con su ya famoso reportaje de investigación que vio la luz en 1968 con el título “O llevarás luto por mi”, tomado de esa famosa promesa que el aspirante a torero le hizo a su hermana al abandonar su pueblo: “Te compraré una casa o llevaras luto por mí”. El libro se publicó, pero después de aplicársele la tijera a instancias de Don Manuel Fraga Iribarne, porque quedaba demasiado patente el hambre y los fuertes desequilibrios sociales que persistían en aquella Andalucía profunda, pese al pretendido y tan cacareado desarrollismo del franquismo.


     El vertiginoso éxito alcanzado por El Cordobés y la lógica ostentación de los logros materiales de alguien que había sabido elevarse desde una pobreza casi indigente (automóviles de lujo, fincas, caballos, mujeres etc.), era constantemente reproducida y reflejada en  los medios de comunicación. 

     Sus éxitos y su ejemplo animan a toda una pléyade de maletillas a lanzarse a la aventura taurina en busca de rodaje y oportunidades.
     Se vuelven a poner de moda viejas expresiones, como aquella de El Espartero “mas cornás da el hambre”. Otra del mismo corte, aunque de una fecha algo más tardía, recuerdo haber leído en los carteles con los que se publicitaba un joven novillero sevillano: “Prefiero morir de un toro que de viejo en este pueblo” (Curro Puya “El Cateto” - Plaza de toros portátil de Porcuna año de 1974).





    
    Aquí es donde entroncamos por fin con Francisco Villalba Gutierrez “El Feo” de Castro del Río.
     De origen humilde,  vivió en Castro hasta que fallece la madre, que es cuando en unión de un hermano mayor y a lomos de una vieja motocicleta, ponen rumbo a Barcelona para iniciar una nueva vida. Tenía apenas 14 años, encontrando su primer trabajo como mozo en una tienda de comestibles.
     Todos estos datos y otros que iremos derramando, nos los proporciona José Luis Gran Gallego (Romito) en un libro autobiográfico titulado “Ilusiones y quimeras: ser torero en las capeas”. Copio literalmente lo que cuenta sobre como se despierta en El Feo esa temprana vocación por el "Arte de Cuchares":

    “En la casa donde vivía eran conserjes los padres de Rafael Plaza, entonces novillero, que en compañía de Enrique Patón, también novillero, entrenaban en una terraza del ático de la casa (hoy Enrique es un destacado empresario y apoderado). Allí cogió un capote y una muleta por primera vez, así como los pitones para hacer de toro, que era lo más que le permitían hacer.
    Posteriormente vio una novillada sin picadores en la Plaza de las Arenas, y convencido de que él podía hacerlo mejor y que podía ser torero, se apunto a la escuela de la Monumental. Allí conoció a Pedro Monte “El Canijo”, como a los aragoneses Jesús Gómez “El Alba” (después matador de toros) y a Raimundo Entrena”.


     En la escuela taurina de La Monumental se forjaría una estrecha amistad entre Pedro Monte “El Canijo”, natural de Pozuelo, un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca, apodado así por lo flaco que era, y Francisco Villalba “El Feo” porque, según parece, efectivamente lo era.
      Empiezan haciendo “rachas” (torear de noche aprovechando la luna llena en las ganaderías bravas) y van también de la mano en las temporadas de capeas. Se prodigaron primero por la zona levantina, para posteriormente dar el salto a la provincia de Guadalajara donde estaban muy arraigados este tipo de festejos (Fontanar, Lupiana, Romanones, Yunquera, Azuqueca…).

      El libro de Romito, quien fuera compañero de andanzas de la pareja de intrépidos aspirantes, incluye infinidad de anécdotas sobre sus discurrir por los pueblos.
     Cuando finalizaba la temporada de capeas, les tocaba transitar por Andalucía o Salamanca, en busca de ganaderos que les dejaran participar en los tentaderos. Cuando no tenían acogida, se veían avocados a otro sistema de rodaje, tan arriesgado como las rachas nocturnas, el denominado toreo de “extranjis”, que consistía en apartar una vaca o novillo a pleno día para poder darle unos capotazos o muletazos. Temeridad extrema, pues se exponían a una dolorosa cogida o revolcón, a ser multados, y lo más trágico, la retirada del carnet de novillero que acompañaba a la multa.
    La fotografía que encabeza la entrada, es del Feo toreando de “extranjis” en una finca de Extremadura, captada por otro furtivo y remitida a su compañero Romito para que pudiera comprobar sus hazañas y progresos (está sacada del libro Ilusiones y quimeras).
    A falta de mentores y apoderados, hartos de rodar por capeas y tentaderos, para seguir progresando, nos les queda otro remedio que invocar la ansiada oportunidad. En cierta ocasión Romito (“El Maño”) coincide con Canijo,  Feo y Miejita en San Fernando (Cádiz), pueblo marinero con gran tradición taurina, donde el empresario que regentaba su plaza de toros se prodigaba en la organización de novilladas sin picadores. Buscaban afanosamente el momento de vestir por primera vez el ansiado traje de luces:



    Para evitarme la reproducción de pasajes varios, sobre la manera de sobrellevar aquellas quiméricas ilusiones y alguna que otra anécdota relacionada con nuestro protagonista, recurro nuevamente al recorte de página del libro de Romito:

Un toro de 500 kilos



Pollos de pelea




    Todas estas peripecias relacionadas con esa apuesta personal por ser torero, que conocemos gracias al libro de Romito, se sitúan cronológicamente entre los años 1964 y 1967.
    Al año siguiente, durante una de aquellas giras por Andalucía en busca de oportunidades, se acerca por su pueblo de origen, donde al calor que le prestan sus paisanos, podrá vestirse de luces en un serie de festejos medianamente serios organizados ex profeso para ayudarle a proyectarse.



    Las autoridades locales de la época, sensibilizadas  por las simpatías que despierta entre el pueblo de Castro el firme propósito de Francisco Villalba “El Feo” por convertirse en torero, coadyuvaron a su causa. Sera durante la Feria de Santiago de ese mismo año de 1968, cuando un conocido empresario taurino instala una coqueta plaza portátil en la localidad y conforma un programa con dos novilladas con El Feo de protagonista.
    De momento me limito a incluir como ilustración la cabecera del cartel anunciador de aquel primer ciclo de novilladas durante el mes de julio, obtenido gracias a la gentileza de uno de aquellos valientes aspirantes a la torería, el rambleño Juan Hidalgo. La excelente respuesta del público de la comarca y el éxito obtenido en taquilla propiciaría una nueva entrega para la Feria Real.
    En la Revista de Feria de ese mismo año, el célebre Carrasquilla, cuya calidad de pluma me ha sorprendido gratamente, se ocupó de ensalzar y publicitar las virtudes y cualidades de aquel castreño dispuesto a consagrarse como torero. Creo que merece la pena insertar el artículo completo:



    Más información sobre esta doble programación de festejos taurinos en Castro, carteles, algunas fotografías que me han proporcionado, así como su el resto de su trayectoria, hasta llegar a situarse entre los mejores del escalafón novilleril, lo dejamos ya para una nueva entrada.
   Antes de terminar, quiero hacer público mi agradecimiento a los Herederos de Miguel Morales Alcaide (no se trata de una ganadería brava, sino de una ya rara casta de impresores artesanos de Castro del Río) que me han proporcionado la revista de feria de 1968, de la que extraigo el artículo de Carrasquilla y otras informaciones que quedan en reserva.
   Otros agradecimientos quedan también pospuestos.


1 comentario:

  1. Se admiten aportaciones documentales y orales sobre Francisco Villalba. Quiero recordar que un popular hortelano de Castro del Río, apostó por la carrera profesional de este prometedor novillero castreño. ¿Le queda familia en Castro? ¿Vive aún? ¿Dónde? Bueno, por ahí aparece mi correo personal y mi cuenta de facebook. Gracias de antemano a quien pueda y quiera colaborar.

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